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Plan repuebla

Las empresas de zonas despobladas necesitan una fiscalidad específica

El emprendedor rural es un héroe y la gente lo que tiene que hacer es dedicarse a trabajar sin esfuerzos sobrehumanos para sacar adelante su actividad

Israel Gómez Rodilla es licenciado en Sociología por la Universidad de Salamanca, miembro de la Junta Directiva y socio fundador de SOCYL (Asociación Profesional de Sociología de Castilla y León), nacida en el año 2015 con el objetivo de hacer visibles la contribución de esta ciencia al análisis de la realidad castellano-leonesa. En ese contexto se entienden las investigaciones, reflexiones y propuestas de estos profesionales sobre la despoblación, uno de los principales desafíos a los que se enfrenta este territorio. Además de investigador, como habitante del medio rural (vive en un pueblo de Salamanca), Gómez Rodilla conoce y «sufre» las dificultades y desigualdades a las que se enfretan vecinos y emprendedores rurales frente al medio urbano.

–Parece evidente que la despoblación se ha convertido en un problema de primer orden.

–Es un problema que está en la agenda de los ciudadanos. Desde que nuestra asociación (SOCYL) empezó al publicar el Barómetro en 2016, cuando preguntábamos por los principales problemas de Castilla y León, la despoblación siempre ha aparecido entre las primeras preocupaciones y además ha ido escalando posiciones. En los últimos años hemos percibido que además se habla de despoblación en la agenda política y en los medios de comunicación, aunque el problema desde luego viene de antes. Los científicos sociales siempre hemos estado muy preocupados por la dinámica demográfica, la diferencia es que antes quedaba relegada tanto en la agenda política como de ciudadanos o los medios, y ahora está en boca de todos.

–¿Qué ha pasado para que haya tomado tal dimensión, quizás que son hechos tan evidentes que nos sobrepasan?

–Recuerdo que hace unos años en una reunión de trabajo con responsables institucionales, fue plantearles el tema de la despoblación y respondieron que no era tan grave, que nosotros creábamos alarma social hablando de ello. Pero ha llegado el momento en que es tan evidente, nos enfrentamos a un reto de tal magnitud que no se puede negar.

–¿Desde cuándo podemos considerar el vacío demográfico como un problema grave?

–El éxodo tiene lugar en nuestros pueblos en los 60 y durante todos estos años las áreas rurales han ido perdiendo población. Pero ahora nos encontramos en Castilla y León con que también la perdemos en las áreas urbanas, como ha ocurrido en los últimos quince años en un momento en que España, sobre todo por la llegada de inmigrantes, estaba creciendo. Sin embargo en Castilla y León no se ha reflejado y la despoblación no es una dinámica demográfica que llegue sola, llega con el envejecimiento; porque no solo es que seamos menos, es que somos más mayores y además los que se van son los jóvenes y los mejor preparados. En las zonas rurales además nos encontramos con masculinización porque las primeras que se marchan son las mujeres. Hay una serie de dinámicas que dificultan la solución del problema. No solo es que seamos pocos, es que somos más mayores, somos hombres y cuando ha habido llegada de inmigrantes, Castilla y León no es un destino atractivo para esta población de fuera. Es un panorama bastante complejo.

–Ya hay territorios vacíos, pero ¿qué efectos sociales, culturales o económicos puede acarrear esa pérdida vital?

–Tiene muchísimas consecuencias; has mencionado algunas, está el punto de vista demográfico, económico, cultural, social, ambiental etc. Encontrarnos con pueblos abandonados significa que estamos perdiendo una cultura que ha sido la nuestra durante siglos. Desaparecen formas de vivir, formas de producir, de hablar, es una cultura específica que se ha ido. Pero además, el hecho de que un territorio esté despoblado o vacío no significa que esté abandonado, se puede seguir trabajando y corres el riego de que haya un aprovechamiento de los recursos naturales del territorio sin participación de la población local. Surge el problema de la custodia del territorio, quién se ocupa de cuidar esa biodiversidad ante el riesgo de incendios, la pérdida del medio natural o de las cabañas ganaderas. Hay una cantidad de problemas tan amplios que lo que llama la atención es que no se haya afrontado antes.

–Quizás se pretende afrontar ahora atropelladamente, con estudios y planes de desarrollo no muy definidos; parece que los políticos empiezan a tomar conciencia, pero la gran pregunta es ¿no es demasiado tarde?

–Es la misma pregunta que nos hacemos por ejemplo con el cambio climático, la crisis energética, el crecimiento de la desigualdad o la influencia del poder financiero por encima de los propios gobiernos. Hay una serie de retos que están ahí desde hace mucho tiempo, los científicos llevan advirtiendo que estamos llegando a un punto de no retorno y no se toman medidas, parece que seguimos caminando sin saber hacia dónde. Si no hemos sido capaces de afrontar el cambio climático o estos otros temas por qué vamos a ser capaces de afrontar el desafío de la despoblación.

–Es una visión ciertamente pesimista.

–No soy optimista porque además las dinámicas demográficas son muy tozudas; tienen como consecuencia la despoblación, pero vienen acompañadas de envejecimiento, masculinización, abandono de determinadas zonas… Hasta llegar a ese punto, esas dinámicas se vienen cociendo durante décadas, por eso esto no se arregla así como así. Ahora se está hablando mucho de lo que se hace en las Highlands de Escocia o en Laponia, pero es que ellos empezaron hace 30 años a trabajar en estos temas y quizás llegaron más a tiempo que nosotros.

–El desierto demográfico aflora desigualdades como la brecha digital, ¿es el problema más importante y preocupante de cara a las posibilidades de resurgimiento en los territorios despoblados?

–Hay muchas desigualdades en el medio rural respecto al urbano. Una de las más sangrantes es no tener un acceso a Internet digno. Yo vivo y trabajo en el pueblo, tengo actividad profesional allí y en su momento nos decían que teníamos conexión a Internet porque podíamos consultar el correo electrónico; eso es no saber de lo que se está hablando. No se trata de una conexión a Internet sin más sino de que me permita llevar a cabo una actividad empresarial. En ese sentido sí que hay una brecha clara porque esa carencia significa, en primer lugar para la instalación de empresas que se está relegando a la gente a una posición secundaria en el mundo rural, a una situación de inferioridad. Internet debe ser un derecho ciudadano y si no lo ofreces en unas condiciones decentes estás relegando a la gente a una posición secundaria en el medio rural. Internet se no pueda dejar en manos de las empresas.

–Es el gran grito que lanzan los emprendedores rurales.

–La conexión de Internet en las mejores condiciones en un núcleo de población de 200 habitantes no es rentable, igual que otros servicios públicos. Pero un servicio público no tiene por qué ser rentable en sí mismo, su rentabilidad es la existencia del propio servicio.

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